El choque decisivo entre Elon Musk y OpenAI que desencadenó la batalla legal por el control de la IA

En agosto de 2017, cuando OpenAI aún era un pequeño laboratorio sin ánimo de lucro, sus cofundadores se reunieron para decidir cómo crear una estructura con fines de lucro que les permitiera recaudar el dinero necesario para avanzar hacia la inteligencia artificial general (AGI). Elon Musk, uno de los fundadores y principal financiador, exigió tener […]

Por noticiasia

6 de mayo de 2026 05:01 p. m. hrs 4 min de lectura
El choque decisivo entre Elon Musk y OpenAI que desencadenó la batalla legal por el control de la IA

En agosto de 2017, cuando OpenAI aún era un pequeño laboratorio sin ánimo de lucro, sus cofundadores se reunieron para decidir cómo crear una estructura con fines de lucro que les permitiera recaudar el dinero necesario para avanzar hacia la inteligencia artificial general (AGI). Elon Musk, uno de los fundadores y principal financiador, exigió tener el control absoluto de la nueva entidad. Según el testimonio del presidente de OpenAI, Greg Brockman, ofreció a sus compañeros un Tesla Model 3 a cada uno y recibió un cuadro de un Tesla pintado por encargo como gesto amistoso, pero la reunión acabó en ruptura.

Cuando el resto de los fundadores se negó a cederle el control, Brockman relata que Musk se enfadó, se levantó, agarró el cuadro y salió airado de la sala, preguntándole antes: “¿Cuándo vas a irte de OpenAI?”. Brockman e Ilya Sutskever decidieron no seguir su visión ni abandonar la organización. Musk cortó sus donaciones habituales y, seis meses después, dejó el consejo de administración, aunque siguió pagando la oficina compartida con Neuralink hasta 2020.

Este episodio está hoy en el centro del juicio que enfrenta a Musk con Sam Altman y Greg Brockman. Los abogados de Musk sostienen que Altman y Brockman “robaron una organización benéfica” al convertirla en una estructura con fines de lucro que, posteriormente, cerró acuerdos multimillonarios, especialmente con Microsoft. OpenAI defiende que Musk perseguía esencialmente el mismo objetivo de comercialización, pero exigiendo un control “inequívoco” sobre la nueva sociedad.

La chispa de esta discusión fue un hito técnico: un modelo de OpenAI que logró vencer al mejor jugador humano del videojuego DOTA II. Para la dirección de la organización, fue la prueba de que el recurso decisivo para avanzar en IA era el poder de cómputo masivo, algo difícil de sostener solo con donaciones. De ahí surgió la idea de crear una filial con ánimo de lucro y diferentes propuestas de reparto de acciones y de vínculo con Tesla, ninguna de las cuales satisfizo a Musk sin otorgarle el mando total.

Durante el juicio, Brockman ha declarado durante dos días apoyándose en un diario personal de 2017, que se ha hecho público pese a que lo consideraba “profundamente personal”. En esas notas reflexiona sobre la posibilidad de expulsar a Musk del consejo para poder avanzar, y advierte de que sería “moralmente incorrecto” convertir la organización en una empresa sin él, algo que los abogados de Musk citan como prueba de mala fe. Brockman responde que, finalmente, Musk abandonó la junta por decisión propia en febrero de 2018, convencido de que OpenAI fracasaría y decidido a centrarse en la IA de Tesla.

Los abogados de Musk también han usado un pasaje del diario en el que Brockman se pregunta qué le haría llegar a 1.000 millones de dólares de patrimonio para insinuar que priorizaba su riqueza personal. Brockman, cuyo paquete accionario valdría hoy casi 30.000 millones, replicó que el valor de la estructura sin ánimo de lucro de OpenAI supera los 150.000 millones en participaciones de la empresa con fines de lucro, fruto del trabajo acumulado tras la marcha de Musk.

En paralelo, han salido a la luz mensajes recientes de Musk, como un texto enviado a Brockman dos días antes del juicio: “Al final de esta semana, tú y Sam seréis los hombres más odiados de Estados Unidos. Si insistes, así será”, mensaje que el jurado no verá, pero que ilustra la tensión entre las partes. En sala, la defensa de Musk ha intentado presentar a Brockman como un ejecutivo inexperto frente a un fundador en serie más versado en gobierno corporativo, mientras que Brockman afirma que Musk “no sabía ni sabe de IA” y que no supo reconocer el potencial de los primeros prototipos que luego darían lugar a ChatGPT.

Tras la salida de Musk, OpenAI creó en 2019 su filial con fines de lucro y cerró un acuerdo de 1.000 millones de dólares con Microsoft, seguido de otros 13.000 millones en los años posteriores. Estos fondos impulsaron a OpenAI a la primera línea mundial de la investigación en IA, pero también incrementaron sustancialmente la riqueza de sus directivos y empleados, así como el valor patrimonial de la fundación original. Precisamente esa transformación —de un proyecto altruista a una estructura híbrida, altamente valorada y aliada con un gigante tecnológico— es lo que alimenta las sospechas de Musk de haber sido marginado, y lo que se está dirimiendo en el juicio que continúa esta semana.