Una startup quiere llevar los centros de datos de IA al mar: turbinas eólicas flotantes y servidores sumergidos en Noruega

Ante la creciente escasez de energía para alimentar centros de datos de inteligencia artificial, la empresa Aikido, especializada en eólica marina, propone una alternativa llamativa: hundir centros de datos en el mar y alimentarlos con turbinas eólicas flotantes. Este año, la compañía planea instalar frente a la costa de Noruega un centro de datos de […]

Por noticiasia

4 de marzo de 2026 08:02 a. m. hrs 2 min de lectura
Una startup quiere llevar los centros de datos de IA al mar: turbinas eólicas flotantes y servidores sumergidos en Noruega

Ante la creciente escasez de energía para alimentar centros de datos de inteligencia artificial, la empresa Aikido, especializada en eólica marina, propone una alternativa llamativa: hundir centros de datos en el mar y alimentarlos con turbinas eólicas flotantes.

Este año, la compañía planea instalar frente a la costa de Noruega un centro de datos de demostración de 100 kilovatios dentro de los pods sumergidos de una turbina eólica marina. Si el experimento funciona, Aikido quiere escalar el modelo para 2028 con un proyecto mayor en el Reino Unido: una turbina de entre 15 y 18 megavatios que daría energía a un centro de datos de entre 10 y 12 megavatios.

La propuesta busca resolver varios problemas a la vez. Al situarse justo bajo una fuente de energía renovable, se reduce la dependencia de la red eléctrica terrestre. El viento marino es más constante que el terrestre y, con apoyo de baterías, podría garantizar un suministro relativamente estable. Al estar sumergidos, los centros de datos también se alejan de zonas residenciales, esquivando la oposición vecinal por ruido, ocupación de suelo y posibles impactos ambientales locales. Además, el agua fría del mar facilita la refrigeración de los servidores, uno de los grandes desafíos de cualquier infraestructura de cómputo intensivo.

Sin embargo, el océano plantea sus propios retos. Aunque los equipos no estarían expuestos directamente a las olas, sí se moverían con la estructura flotante, por lo que deben diseñarse para soportar vibraciones y desplazamientos. La corrosión del agua salada obliga a reforzar contenedores, conexiones eléctricas y enlaces de datos para evitar fallos. Estos factores podrían encarecer la construcción, el mantenimiento y las reparaciones.

Aikido no parte de cero: Microsoft probó antes esta idea con su proyecto Natick, hundiendo en 2018 un módulo de más de 850 servidores frente a la costa de Escocia. El experimento, de 25 meses, registró una tasa de fallos muy baja —solo seis servidores— en un entorno de gas inerte. Aun así, Microsoft canceló el proyecto en 2024, tras años de pruebas y varias patentes que acabó liberando en 2021.

El plan de Aikido retoma ese camino en un contexto de demanda explosiva de computación para IA y debates sobre consumo energético, impacto ambiental y ubicación de los centros de datos. Si su demostración en Noruega resulta exitosa y escalable, podría abrir una nueva vía para alimentar la inteligencia artificial desde el mar con energía renovable.