OpenAI se convierte en contratista del Pentágono y queda atrapada en la nueva guerra política de la IA

Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, organizó una sesión pública de preguntas y respuestas en X para explicar por qué la empresa aceptó un contrato del Pentágono que su rival Anthropic había rechazado por motivos éticos relacionados con vigilancia masiva y uso de IA en sistemas de armas. Altman defendió que las decisiones de fondo […]

Por noticiasia

2 de marzo de 2026 07:02 p. m. hrs 2 min de lectura
OpenAI se convierte en contratista del Pentágono y queda atrapada en la nueva guerra política de la IA

Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, organizó una sesión pública de preguntas y respuestas en X para explicar por qué la empresa aceptó un contrato del Pentágono que su rival Anthropic había rechazado por motivos éticos relacionados con vigilancia masiva y uso de IA en sistemas de armas. Altman defendió que las decisiones de fondo deben tomarlas los dirigentes elegidos democráticamente, no las empresas privadas, pero se mostró sorprendido por la fuerte reacción crítica de usuarios y empleados, que temen que OpenAI se convierta en pieza central de la infraestructura de seguridad nacional de EE. UU. sin contar con salvaguardas claras.

El contexto es tenso: el secretario de Defensa Pete Hegseth ha amenazado con designar a Anthropic como “riesgo para la cadena de suministro”, lo que podría cortarle acceso a hardware y servicios en la nube y, en la práctica, destruir la compañía, un movimiento inédito contra una empresa tecnológica estadounidense. Analistas advierten que esto enviaría un mensaje intimidante a todo el sector: el gobierno puede cambiar las reglas a mitad de contrato y castigar a quien ponga límites al uso militar de la IA.

La situación también coloca a OpenAI en una posición frágil: debe mantener alguna línea roja para no perder talento interno, mientras una parte del ecosistema político y mediático conservador vigila que se mantenga alineada con la agenda de la administración Trump. El artículo apunta a que las grandes startups de IA, empujadas por sus ambiciones y enormes necesidades de capital, están entrando en la lógica del complejo militar‑industrial sin la experiencia ni las protecciones políticas de gigantes tradicionales como Lockheed Martin o Raytheon. El resultado es un sector de defensa más ágil pero mucho más expuesto a los vaivenes partidistas y a un clima de “lógica tribal” que amenaza la libre competencia y la gobernanza responsable de la IA.